samedi 4 juin 2011

Travesuras de la niña mala



Me gustaría saber por qué Vargas Llosa escribió Travesuras de la niña mala. Me imagino, creo, quiero creer, que un día lo llamó su editor y le dijo "Mario, necesitas escribir algo porque de lo contrario tu público se esfuma (...) no, podemos esperar hasta que se te ocurra algo bueno, así que sácate una idea del culo y escribe cualquier cosa". Meses después (¿semanas?) estaba listo Travesuras de la niña mala.

Y uno llega a la biblioteca ingénuo, todavía adormilado por el buen sabor que deja La Fiesta del Chivo y se topa con un ejemplar de Travesuras. Lo saca de la estantería y lo acaricia con una sonrisa bobalicona, pensando en repetir la buena experiencia que fué El paraiso en la otra esquina. Se aproxima a la bibliotecaria y con aire cándido le dice celui-ci, s'il vous plaît... Oh, naïve!!

Como un jíbaro en la puerta de un colegio, el libro se muestra simpático al principio. El primer capítulo fue una reminiscencia de mi infancia porque Frecuencia Latina fue primordial en mi crianza. Con el segundo capítulo me sentí identificada porque la acción pasa en mi barrio. Me divertí mucho con la psicodelia del tercero, todo un Magical Mistery Tour. Entonces, a la altura del cuarto capítulo, tuve que aceptar una verdad incómoda : estoy leyendo el mismo capítulo desde que empezó el libro, lo único que cambia es la ciudad.

Tendría que haberlo advertido antes: los personajes principales, tristemente planos, no maduran nunca. Los personales secundarios son meros rellenos. De repente, un sentimiento parecido al desengaño que sobreviene a la traición se me instaló entre pecho y espalda. Me sorprendí pasando las páginas en una actitud parecida a la de Bart Simpson cuando, desesperado por la precariedad del Campo Krusty, soporta todo tipo de penurias abrazando una almohada y aferrándose a la esperanza de que Krusty llegue, haga justicia y las cosas mejoren. Pero, a diferencia de lo que ocurre en el capítulo de Los Simpson, Vargas Llosa nunca llega, nunca le hace justicia a su talento y el libro nunca mejora. Al contrario, cae en una espiral degenerativa de mediocridad y lugares comunes hasta terminar réduit à néant.

¿Por que no simplemente cerrar el libro y mandar a Marito al carajo? Demasiado tarde... la prosa hipnótica de Vargas Llosa ha surtido efecto, los dedos no quieren soltar el libro y hay que terminar. Y uno termina.